Han pasado ya como nueve meses de la separación, una separación incómoda, llena de decepciones y desengaños; con el ingrediente adicional de la traición y de la intención de hacer daño. Sufrí por meses no soltar la incomodidad de sentirme engañado, traicionado, solo y con el deseo de morir día a día, con deseo de venganza, con la lucha por sobrevivir a mi mismo.
Me desahogué con todos los que encontré en mi camino, con mi hermana, con amigos y extraños, con mi celular y con Milagro Grosera; hice ejercicio hasta sentirme agotado, pasé noches en vela, viajé a otros lugares, visité al milagroso de Buga para cumplir una promesa de sanación, para ella, promesa que hice en el pasado, pero que necesitaba cumplir.